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Fernando Yáñez: “Me voy con la satisfacción y orgullo de haber liderado una empresa que ha sido clave en el desarrollo del mercado de capitales.”

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El histórico gerente general del DCV deja su cargo el próximo 31 de marzo. En esta entrevista repasa los orígenes de la institución y los principales hitos de su mandato. 

 

El próximo 31 de marzo será el último que Fernando Yáñez entre al Depósito Central de Valores como su gerente general. Ese día, y tras 28 años liderando la institución, dará un paso al lado y en su reemplazo asumirá Rodrigo Roblero, actual gerente de planificación, TI y finanzas. Lo que partió -hace más de 30 años-, como el desarrollo de una línea de negocio en el Citibank continuó con una oficina de proyectos con 10 personas y culminó en una institución con más de 250 colaboradores y que se ha transformado en una entidad clave en cuanto a seguridad, confianza y transparencia para el crecimiento del mercado en Chile.

Dice que está feliz por estas casi tres décadas a cargo del DCV. “Tengo un amigo que me decía, después de montar el DCV, ¿qué otros desafíos tienes? La respuesta es que todos los días tienes ideas nuevas. No me aburrí nunca, y tampoco ahora. Me voy con la satisfacción y orgullo de haber liderado una empresa que ha sido clave en el desarrollo del mercado de capitales y por ende de Chile”.

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¿Cómo surge la necesidad de crear un depósito de valores en Chile?
Trabajé algo más de 11 años en el Citibank, y fueron justamente los últimos años en el Citi los que dan vida a lo que hoy es el DCV. En este entonces el banco estuvo muy involucrado en varias modernizaciones de mercados en el mundo, Chile incluido. Ahí me tocó desarrollar todo el negocio de custodia internamente: partimos con papeles físicos, bóvedas y cortes de cupones, entre otras tareas. Entonces, de forma paralela comenzó a ser muy natural que se desarrollara un depósito de valores en Chile. De hecho, hubo varias instituciones que intentaron realizarlo sin éxito.

A fines de 1989, se dictó la ley que fijó el marco legal para la creación del depósito de valores. Vino a ser revolucionaria, porque modernizó la forma de intercambiar los valores transados en el mercado y dio la posibilidad de inmovilizarlos de tal forma que no fuera necesario moverlos físicamente, con todos los riesgos asociados a potenciales pérdidas y falsificaciones; permitió luego la desmaterialización y facilitó la agilidad en las transacciones a través de sistemas de cuentas. Mientras, a nivel mundial ya era patente la necesidad de contar con estas instituciones que pudieran mitigar riesgos, facilitar los intercambios y transacciones y otorgar mayor seguridad. En ese contexto, grupos de instituciones privadas y el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional hicieron muchas recomendaciones. Actualmente, este tipo de empresas se rigen por los 24 principios de CPSS-IOSCO.

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¿En Chile cómo avanzó esta idea?
Hacia fines de los ’90, la Bolsa de Comercio y el Citibank vieron la posibilidad de desarrollar conjuntamente un depósito de valores, todo bajo la nueva ley promulgada. El entonces gerente general de la Bolsa, Enrique Goldfarb, fue un gran promotor del proyecto. Con él trabajamos las primeras estructuras y objetivos y salimos a vender el proyecto, y cuando ya lo teníamos bien armado, fines de 1991, fuimos a conversar con el entonces superintendente, Hugo Lavados. Él fue visionario y nos instó a crear un depósito de valores en donde no hubiera solo dos instituciones propietarias. Y así fue como se iniciaron conversaciones con las distintas asociaciones gremiales del mercado, resultando en un acuerdo de propiedad que, salvo cambios menores, se mantiene hasta el día de hoy: 30% a los emisores (bancos), 30% a los intermediarios (las bolsas), 30% inversionistas institucionales (AFP) y, el restante 10%, quedó en manos de las compañías de seguros de vida.

Fueron años de trabajo y de comenzar a darle forma al proyecto. A nivel mundial, ya había varios modelos de depósitos funcionando, por lo que eran modelos interesantes de ser estudiados. Finalmente, optamos por el diseño lógico del sistema de CETIP, del mercado brasileño y comenzamos con el desarrollo del sistema computacional que nos acompaña hasta estos días. Para ese entonces en el proyecto trabajaban 10 personas, entre las cuales Fernando Yáñez recuerda a María Isabel Fernández, quien todavía de desempeña en el DCV.

¿Cómo fue salir a captar clientes? ¿Cómo fue la recepción del mercado?
Significó mucho trabajo. Estábamos muy entusiasmados y decididos a buscar clientes, pero teníamos que entusiasmarlos. Entonces, propusimos diferentes planes de incentivos que resultaron exitosos para captarlos. En paralelo, y antes de que saliéramos en vivo con el sistema, trasladamos los valores de las AFP, desde el Banco Central a nuestra nueva bóveda y, con ello, las 15 personas que trabajaban en el área de custodia en el Banco. En aquel tiempo ya estábamos en las oficinas que por muchos años ocuparíamos; Paseo Huérfanos 770, donde construimos una bóveda especialmente diseñada para recibir los valores en circulación en el mercado. En septiembre del año 1995 comenzó a operar el DCV tal como lo conocemos hoy, liquidando las primeras operaciones realizadas en el mercado.

Para el 2000 el DCV estaba consolidado y se produce un hito clave según Yáñez: la creación de la filial DCV Registros.

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“La filial pudo ser realidad con el inicio del servicio de administración de los registros de accionistas a Enersis, Endesa y otras filiales del grupo. Igualmente, nos hicimos del conocimiento del negocio, incorporando nuevos colaboradores, los que eran liderados por Manuel Arriagada.”

Luego vendrían las compras de las empresas Stock, Comber y Cía. y Sonda BPO, que permitieron un rápido crecimiento de la filial.

El mercado de valores en Chile tuvo una seguidilla de escándalos desde el caso Inverlink hasta la quiebra de un par de corredoras hace unos años. ¿Cómo afectaron estos acontecimientos al DCV?
En el año 2003 ocurrió lo de Inverlink. Nosotros habíamos desarrollado el depósito a plazo desmaterializado, pero eran muy pocos los bancos e inversionistas que lo estaban usando. Luego de este evento el depósito de los DPF desmaterializados se acelera y ese mercado comienza a liquidarse completamente a través de los sistemas del DCV. Después vinieron varios fraudes en corredoras. De alguna manera, todos estos hechos fueron ratificando la importancia y papel clave que juega el DCV en el mercado.

Durante los últimos 10 años, la hoja de ruta del DCV ha estado marcada por desarrollar nuevos servicios para el mercado local, así como también establecer relaciones con depósitos de valores internacionales (DTCC en Nueva York y Euroclear en Europa), permitiendo ofrecer servicios de custodia internacional a empresas chilenas que invierten en el exterior. Le siguió la integración con los depósitos de MILA (Perú, Colombia y México). Actualmente, está en marcha, junto a Nasdaq, el proyecto DCV Evolución (DCVe) que permitirá la renovación total del sistema core. Por otra parte, existe una parrilla no menor de proyectos, que permitirán el crecimiento de la nueva filial del DCV, DCV Asesorías y Servicios S.A.

¿Qué rol ha jugado el directorio y en especial su presidente, Sergio Baeza, quien ha liderado la mesa también estos 28 años?
El gobierno corporativo del DCV siempre ha sido de excelencia, por su forma de operar y, especialmente, por la calidad humana y profesional de todos sus miembros. Hoy, aparte del directorio mismo de 10 miembros, funcionan 5 comités que tratan distintos temas y apoyan la gestión de este. Solo tengo palabras de agradecimiento para con el directorio y, en especial con quién trabajé directamente en todo este período, su presidente, Sergio Baeza. Él ha guiado a este equipo y le ha impreso un sello muy particular a su gestión, con talento profesional, mesura y mucho respeto, siempre buscando sumar para crecer.

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Con tantos proyectos aún en marcha, ¿por qué decide salir en este momento?
Siento haber cumplido y de que están dadas las condiciones para un cambio sin sobresaltos. El factor más importante es que mi sucesor está dentro de la empresa y está preparado para dar continuidad a la gestión -junto a todos los colaboradores-, que estoy seguro ayudarán a concluir exitosamente todos los proyectos en carpeta.

¿Cómo le gustaría que lo recordara la gente del DCV?
Me gustaría que me recordaran como uno más del equipo que hizo grande al DCV, de aquellos que siempre buscamos cómo hacer para salir adelante ante la adversidad y cómo convencimos para crecer. Siempre busqué sacar lo mejor de las personas, dejando que crecieran y se desafiaran en sus posiciones; soy un convencido que las personas felices hacen la diferencia en las empresas.

 

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